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Secano en lo-fi

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El lo-fi es una categoría que las empresas que intentan colocárnoslo promocionan con la idea de que hagamos fotos de tipo recuerdo en plan buen rollo. Si le echas el ojo a un folleto de Lensbaby o de Lomography ves cientos de instantáneas desenfocadas de hipsters felices o con cara intensa o de fiesta con un buen globo. El paisaje está entre sus argumentos de venta y creo que lo hacen mal porque es un sujeto mucho más cómodo de fotografiar que un hipster (de esos que cuando yo iba de discoteca se llamaban modernillos): no se mueve, te queda siempre a la misma distancia focal, no te pide la foto pal feisbuc sin darte crédito (qué te has creído), no te da la chapa sobre cine independiente iraní y nunca, nunca tendrás que recogerlo del suelo y llevártelo a casa porque se ha cogido una curda que no puede con su alma. El paisaje. Él sí que es un tío guay y no vosotros, los que lleváis tupé y barba de un palmo. Con el paisaje me iba de birras al Chino. Con vosotros ni de coña.

Y cuidado, que aunque el paisaje no te tire el cubata por encima ni cierre los ojos en el peor momento, hay servidumbres de la cámara de plástico con lente de menisco que no se pueden evitar. Como muy bien, la foto saldrá, como dicen los americanos, ‘too soft’, que no quiere decir que llore con las pelis tristes sino que tendrá una definición más bien mierder. Y si usas una cámara de medio formato (porque, sí, niños: hay tarados haciendo cámaras de juguete para usarse con película profesional, y hasta para formato 6×9), sigo que si usas medio formato tendrás el tremendo gozo espiritual de ver que se ha filtrado luz por algún lado y te ha jodido medio carrete, y la otra mitad te lo ha dejado como el ecce mono de Lorca. Pero bueno, que para eso hemos venido. Para hacer fotos raras. Y vive Cthulhu que salen raras de cojones. Pero cuando le pillas el tranquillo ya sabes qué tipo de fotos raras te saldrán. Y ojo, que aún así hay imponderables. Siempre. Cuando te enteras de qué va todo entiendes que son como el problema catalán, como decía el cabrón ese: que no tiene solución, solo se conlleva.

Todo este rollo era para presentaros mis fotos de verano, tomadas chupando intemperie a cuarenta grados, con un sol que Cataluña estaba hecha un forno di legna. Porque yo los tengo cuadrados y además gasto el instinto de conservación de un lemming, pero bueno, los resultados son los esperados y por eso ya vale la pena aguantar el fuego que cae del cielo en los secarrales catalanes. Hay un cityscape de Cardona. Un amigo mío de cuando yo era crío decía que en Cardona metían a la una y en Cardedeu a las diez; en catalán cardar es meter (en el sentido de follar, para los que seáis lentos). Qué cabrón, era un poeta, el tío. Pero es mentira: en Cardona no meten a la una, meten todo el año: en invierno mete un frío que te quedas helado y en verano mete un calor que te mata, y yo debo ser tonto porque voy siempre que puedo. Será que el sol ya me ha freído las neuronas.

 

Autor: Ignasi Montserrat

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